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La AAA estrena proyecto para frenar la descarga ilegal de grasas

La AAA estrena proyecto para frenar la descarga ilegal de grasas

La AAA estrena proyecto para frenar la descarga ilegal de grasas

Como parte del proyecto en curso, la AAA estará inspeccionando las trampas de grasa de los 20,000 comercios en su inventario. (Archivo / GFR Media)

El 60% de los desbordes sanitarios en la isla se debe a que hay grasas y aceites en las tuberías de la Autoridad de Acueductos y Alcantarillados (AAA), provenientes de descargas ilegales de comercios –principalmente– y hogares.

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Se trata de un problema serio, descrito por la directora de Cumplimiento Ambiental de la AAA, Irma López, como “un dolor de cabeza horrible”, porque las grasas y aceites se solidifican en las tuberías y son prácticamente imposibles de remover.

“No es cuestión de que nuestras plantas no tengan capacidad, es que se forma una especie de roca blanca en las tuberías muy difícil de destruir. Es como el colesterol en nuestras venas, que evita que la sangre pase”, dijo López.

“Las grasas y aceites en nuestras tuberías se convierten en una especie de hormigón, que disminuye la capacidad de flujo del sistema. Al disminuir eso, eventualmente va a haber un desborde”, agregó.

A fin de reducir –y eventualmente eliminar– esos incidentes, la AAA estrenó en junio pasado un proyecto de orientación e inspección de comercios a través de su Programa de Control de Aceites y Grasas (FOG, en inglés). Personal de la corporación pública está visitando 300 comercios semanalmente, y la expectativa es ir cada uno de los 20,000 registrados en su inventario.

Según López, la primera fase del proyecto es de orientación, para que los comercios sepan cómo y dónde disponer sus grasas adecuadamente. Luego vendrán las inspecciones, donde se evaluarán las prácticas de limpieza –para asegurar que no hay descargas ilegales en las tuberías en la AAA– y se examinarán las trampas de grasa.

“Después de la fase educativa, empezaremos con los instrumentos de enforcement, que van desde una notificación de incumplimiento, solicitar un plan de acción, dar varias oportunidades para cumplir y, como última opción, emitir una orden administrativa con penalidad”, indicó.

Precisó que las primeras visitas se están haciendo en comercios de San Juan y pueblos limítrofes, pues es el “área de priorización” dictada por la Agencia Federal de Protección Ambiental (EPA, en inglés) en su acuerdo por consentimiento con la AAA. Reiteró, empero, que se visitarán los 20,000 comercios listados y que, de paso, se depurará el inventario.

¿Cuál es el beneficio de este proyecto?, preguntó El Nuevo Día, a lo que López respondió que “hay ganancias por todas partes” porque, al eliminar los desbordes sanitarios, se abaratan los costos de operación, principalmente en brigadas y personal externo, y los costos de rehabilitación y reparación de tuberías.

Aunque el proyecto está enfocado en comercios, López dijo que incluye también un componente educativo a la ciudadanía. La AAA estará orientando en ferias y otras actividades sobre la disposición adecuada de grasas y aceites en los hogares, que consiste en envasarlas y llevarlas a un centro de reciclaje certificado.

“Proceso difícil”

El proyecto de grasa y aceites marca el 30 aniversario del Programa de Pretratamiento de la AAA, cuyo principal enfoque había sido –hasta ahora– llevar a cumplimiento a las industrias que descargan en las plantas de tratamiento de la corporación pública.

Esa meta se ha cumplido, afirmaron Carl Soderberg y Martha Rivera, primeros directores del Programa de Pretratamiento.

“Pero fue un proceso difícil”, expuso Soderberg, quien dirigió el Programa de 1987 a 1992.

Según contó, la EPA ordenó la creación del Programa tras “arrestar” todas las plantas de la AAA, que no lograban rendimiento porque recibían descargas incompatibles con su diseño. En síntesis, las plantas estaban recibiendo descargas con “cantidades increíbles” de metales y tóxicos, pese a estar diseñadas para tratar descargas domésticas.

En aquella época, 3,000 industrias estaban conectadas a las tuberías sanitarias de la AAA, en un intento de zafarse de una directriz federal que las obligaba a tener un permiso de descarga directa a los cuerpos de agua. Solo 300 industrias tenían el permiso.

“No había control de la descarga”, dijo Soderberg, tras recordar la “historia de horror” de una troncal de concreto en Barceloneta que “desapareció” por una descarga “extra ácida” que recibió, y el caso de una bomba en Ponce que había que cambiarla todas las semanas, “como si fuera pañales desechables”, porque recibía una descarga abrasiva.

Rivera, por su parte, quien dirigió el Programa de 1992 a 1995, relató que en Condado “se paralizó una construcción” porque la tubería que pasa por la avenida Ashford se tapó con grasa y aceite. “Se puso como piedra, hasta el punto que la cuchilla que tenía la AAA se partió. Los restaurantes y cafeterías estaban descargando ilegalmente”, aseveró.

Rivera destacó que, hoy por hoy, la actitud de las industrias es muy diferente a la de 30 años. Ahora, a diferencia de entonces, tienen la visión de que no contaminar les resulta beneficioso.

“Según ha pasado el tiempo, se ha visto que las industrias han reducido los contaminantes que producen e implantado proyectos de reciclaje, tanto de residuos como de agua. Han cambiado materiales y procesos. Ha habido un cambio de mentalidad”, dijo, y resaltó que hay industrias que llevan 20 años o más en cumplimiento ininterrumpido.

Ambos exfuncionarios coincidieron con López en que la prioridad ahora debe ser asegurar el cumplimiento a nivel comercial y residencial.

“Va a ser duro, como al principio con las industrias y ahora están bien. Es una necesidad y hay que cumplir. El esfuerzo conlleva un gran esfuerzo de orientación y educación”, concluyó Rivera.